Carlos
Loperena Ruiz
Seguramente
la persona a quien se le pidiera escribir
unas líneas sobre don Julio C.
Treviño, se referiría a
sus muy importantes méritos y cualidades
como abogado, profesor de derecho internacional,
árbitro internacional, autor de
temas jurídicos, etc. Todo eso
es de destacarse. Yo prefiero ahora hablar
de otras de sus muchas cualidades. Me
refiero a sus aspectos humanos. Julio
fue sobrino de un destacado abogado, funcionario
de la Secretaría de Relaciones
Exteriores.
De ahí pienso que le vino su afición
por lo internacional. Estuvo casado con
María Olivia Meixueiro, conocida
por sus amigos como Mayolí, mujer
fina e inteligente que además estudió
la carrera de derecho, pero que desgraciadamente
no ejerció…ejerció
como una admirable esposa y compañera
de Julio, además de ser la madre
de sus dos hijos: Mariana y Julián,
quienes fueron la otra parte de su vida
familiar. Ambos con carreras profesionales
concluidas; ambos casados con personas
valiosas e inteligentes, que supieron
querer y hacerse querer de don Julio y
que además, en el caso de Mariana,
lo hizo abuelo de una niña que
era la debilidad de él. Julián
ahora tiene el compromiso ineludible de
seguir los pasos del brillante abogado
que fue su padre. Hermosa familia, unida
y llena de amor, gracias al centro de
la misma que fueron Julio y Mayolí.
Así estoy seguro de que continuarán
por muchos años. Otra faceta de
Julio es la de amigo. Supo serlo de verdad
y a toda prueba. Fue la amistad un valor
que cultivó de manera excelsa.
De él sí podemos decir que
tuvimos la inmensa suerte de ser sus amigos
quienes lo fuimos y lo somos. Una gran
suerte por haber recibido consejos y orientación
desinteresados cuando nos acercamos a
él; recomendaciones de tipo profesional
y personal; experiencias que compartía
generosamente con quienes le consultaban
algo. Deja en nosotros un hueco que nunca
se llenará, pero nos quedamos pletóricos
de hermosos recuerdos, que perdurarán
por siempre. Finalmente ya descansa en
paz nuestro querido amigo y colega, a
quien extrañaremos siempre.